UMAYLAM: La propuesta del camino medio para el Tíbet en el siglo XXI

MARÍA PALOMA NORIEGA JALIL

El término tibetano “umaylam” hace referencia a la política del camino medio o enfoque de la vía intermedia, que busca por medios pacíficos una nueva forma de administración del Tíbet, entre el statu quo y la independencia, que permita proteger la cultura e identidad tibetanas.[1] Las condiciones críticas en cuestión de libertades y derechos humanos en el Tíbet han llevado a la búsqueda de umaylam.

Los antecedentes de la política de camino medio se remontan a la década de 1970, aunque las negociaciones con Beijing comenzaron algunos años después. A partir de entonces, una serie de pláticas entre líderes de ambos países ha tenido lugar, pero hasta la fecha la República Popular China no ha aceptado las diferentes propuestas de autonomía que ha preparado el gobierno del Tíbet en el exilio, encabezado por el Dalai Lama.

Hay distintas razones por las cuales Beijing se ha negado a aceptar umaylam, la mayoría de ellas tiene que ver con elementos estratégicos al exterior, y con las relaciones con otros grupos étnicos al interior de China. Por otra parte, hay factores de presión para que el régimen chino acepte la política del camino medio, en especial el apoyo de distintos países y organizaciones internacionales. Estas presiones han aumentado con los casos de violencia y violaciones de derechos humanos que han tenido lugar entre la anexión del Tíbet a China y la actualidad.

Este ensayo analizará el enfoque de la vía intermedia en el siglo XXI. En primer lugar, se hará un recuento de los antecedentes, para después estudiar más detalladamente los acontecimientos a partir de 2000 y hasta la fecha. Se tomarán en cuenta los elementos que ha considerado el gobierno tibetano en el exilio para formular esta propuesta, a la vez que se pondrá atención en los factores que han evitado que China acepte la política del camino medio. Finalmente, en la conclusión se formularán algunas expectativas sobre el futuro de umaylam.

 

ANTECEDENTES

Tras siglos de una relación ambigua entre China y Tíbet con diferentes grados de independencia de Lhasa frente a Beijing —la cual fue descrita por los tibetanos como una relación “patrono-sacerdote”[2]—, el Dalai Lama hizo una proclamación equivalente a una declaración de independencia en el año de 1913.[3] En este año, China y Gran Bretaña firmaron un acuerdo en el que se reconocía la suzeranía china de Tibet, la integridad territorial del país y la autonomía administrativa del gobierno de Lhasa. El término “suzeranía” causó ambigüedad, pues se refiere a un estado que tiene supremacía sobre un país con un gobierno propio. Esto ocasionó que algunos líderes chinos estuvieran convencidos de que el Tíbet seguía siendo parte de China, mientras que los países occidentales consideraron que el Tíbet era un estado independiente.[4]

Entre ese año y el triunfo comunista de Mao en 1949, el Tíbet experimentó un periodo en el que China intervino muy poco en sus asuntos internos, pero esto cambió con los planes del régimen comunista de recuperar Tíbet.[5]  Después de negociaciones entre el gobierno maoísta y autoridades tibetanas, en 1951 el gobierno tibetano accedió de manera pacífica a unirse a la República Popular de China por medio de un Acuerdo de 17 puntos en el que se establecía que se respetaría la autoridad del Dalai Lama y la libertad religiosa, entre otras condiciones.[6]

Sin embargo, la relación amistosa entre el Tíbet y el gobierno central duró poco. Como consecuencia de la puesta en práctica de cambios sociales, políticos y económicos en el Tíbet por parte del gobierno central chino, a la vez que por la ocupación de Tíbet por el Ejército Popular de Liberación, la población tibetana comenzó a movilizarse en contra de la autoridad china.[7] Los levantamientos se recrudecieron, y en 1959 el Dalai Lama y decenas de miles de tibetanos se exiliaron a la India, donde se estableció el gobierno del Dalai Lama en Dharamshala.[8] En 1960, se constituyó la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, que desde entonces ha buscado diferentes maneras para liberar al Tíbet de lo que ellos consideran la opresión china.[9]

Tras el exilio del Dalai Lama, y debido a las políticas más duras del Partido Comunista Chino en los años siguientes, la población tibetana fue reprimida por su intento de continuar ejerciendo sus prácticas religiosas y culturales.[10] Al mismo tiempo, en 1965 China otorgó al área de Tíbet central el status de Región Autónoma del Tíbet, mientras que otras regiones tibetanas se volvieron áreas nacionales autónomas. El margen de maniobra de esta autonomía, sin embargo, fue muy limitado hasta la década de 1980.[11] La manera en la que el Tíbet está administrado actualmente como región autónoma se basa en la nueva Constitución china de 1982 y en la Ley sobre Autonomía Nacional Regional de 1984. Sin embargo, es cuestionable la efectividad con la que esta minoría ha podido ejercer su autonomía, pues la mayoría de los funcionarios en Tíbet son chinos Han, hay limitaciones en la manera en que se deberían ejercer las prerrogativas concedidas por la ley, y han continuado las restricciones de libertades y derechos de la población local.[12]

Los inicios de la política del camino medio se remontan a 1974, cuando los miembros del gobierno tibetano en el exilio decidieron cambiar la lucha a favor de la independencia total del Tíbet, por la persecución de una política de autonomía —que denominaron umaylam, vía intermedia—, pues consideraron que ésta era una opción más viable que la independencia total. En 1979, Deng Xiaoping aceptó discutir los términos de esta propuesta. Entre 1979 y 1985, Beijing permitió la entrada de misiones de búsqueda de información[13] y líderes chinos se reunieron con delegaciones del gobierno tibetano en el exilio; pero 1985 Beijing suspendió las reuniones al respecto.[14]

La apertura para dialogar con el gobierno tibetano en el exilio de Deng Xiaoping se enmarcó dentro de una política más amplia de normalización de la vida política en China y de búsqueda de mayor legitimidad al interior, a la vez que se buscaba que el Dalai Lama no se aliara con enemigos de China al exterior para conseguir sus objetivos. Sin embargo, la diferencia en expectativas y el peligro de la enorme respuesta a favor del Dalai Lama de la población tibetana en China, llevaron a Beijing a suspender las negociaciones.[15]

Ante la negativa China, el gobierno tibetano en el exilio cambió su estrategia y comenzó a apelar a la comunidad internacional. En 1987, el Dalai Lama presentó ante el Congreso de Estados Unidos un Plan de Cinco Puntos para la Paz, cuyo núcleo era transformar al Tíbet en una “zona de paz” en la que se respetaran los derechos humanos y el medio ambiente.[16] Al año siguiente, frente al Parlamento Europeo, el Dalai Lama presentó un plan que se denominó Propuesta de Estrasburgo. La proposición era que el Tíbet fuera una entidad política autogobernada —con una constitución y leyes propias, y un gobierno democrático— asociada a China, la cual se encargaría de la política exterior y la defensa. También se buscaba la desmilitarización de la zona y que el Tíbet pudiera participar internacionalmente en áreas como la religión y la cultura.[17]

La Propuesta de Estrasburgo fue muy bien recibida por la comunidad internacional, tanto así que el Dalai Lama recibió el Premio Nobel de la Paz por sus intentos de liberación pacífica del Tíbet. La situación de los derechos humanos en el Tíbet había ocasionado una ola de declaraciones pidiendo al gobierno chino que terminara con las violaciones, y esta propuesta generó expectativas de una solución pacífica entre la comunidad internacional.[18]

Por el contrario, China no aceptó la propuesta, argumentando que no aceptaría la interferencia internacional, y que la propuesta se basaba en una “idea de independencia” que la República Popular China no estaba dispuesta a aceptar.[19] Beijing adoptó a partir de entonces una línea dura hacia el Tíbet y suspendió negociaciones durante la década siguiente.[20] De este modo, al llegar el siglo XXI habían pasado varios años de impasse entre el régimen Chino y el gobierno liderado por el Dalai Lama.

 

UMAYLAM EN EL SIGLO XXI

A partir del nuevo siglo, nuevos factores contribuyeron a que se reanudara el diálogo sino-tibetano. En primer lugar, el incremento del poder económico y regional de China ha llevado a que el Dalai Lama y el gobierno tibetano en el exilio maticen sus peticiones y suavicen su línea. Las propuestas de estos últimos años ya no han exigido una constitución propia, sino que han buscado acomodarse dentro de las disposiciones de la Constitución china. El énfasis ha sido cada vez más la preservación cultural y religiosa, y se ha reducido la exigencia de capacidades en los ámbitos político y económico. Además, el Dalai Lama ha cambiado su discurso de que Tíbet y China son entes totalmente separados y de que la cultura tibetana y Han son incompatibles, por la aceptación de que el Tíbet puede ser parte de la nación multiétnica china. El Dalai Lama también ha reconocido los avances en cuanto al desarrollo del Tíbet gracias a la administración china. Estos cambios facilitaron un acercamiento en los primeros años de este siglo.[21]

Al mismo tiempo, el Congreso de Estados Unidos pasó una ley que buscaba fomentar las negociaciones entre Beijing y Dharamshala. Estos elementos influyeron en que los líderes chinos decidieran recibir representantes del Dalai Lama en septiembre de 2002.[22] Entre ese año y 2007, hubo seis rondas de negociaciones sino-tibetanas. Durante los primeros años, la actitud de las autoridades chinas fue mucho más receptiva, y fue posible un diálogo más profundo entre los representantes.[23]

Durante este tiempo, sin embargo, el apoyo internacional al Tíbet disminuyó en ciertos puntos. Por ejemplo, la India reconoció que la Región Autónoma del Tíbet es parte integral del territorio chino en 2003. Estados Unidos y la Unión Europea suavizaron sus exigencias respecto a la situación política y de derechos humanos en el Tíbet.[24] Durante 2008, el último resquicio de reconocimiento internacional de la independencia del Tíbet se perdió cuando Gran Bretaña, que desde el acuerdo con China a principios del siglo XX había considerado la relación sino-tibetana como una de suzeranía, declaró que reconocía la soberanía china sobre Tíbet.[25]

En ese año la situación se volvió delicada pues hubo protestas masivas de la población tibetana por la respuesta violenta del ejército chino ante una manifestación pacífica, que buscaba liberar a presos políticos. Las protestas fueron reprimidas duramente, lo cual se volvió un escándalo internacional que desencadenó propuestas de boicot a los Juegos Olímpicos que tuvieron lugar en Beijing pocas semanas después.[26]

Ante la renovada presión internacional, Beijing anunció que abriría nuevas negociaciones con representantes del Dalai Lama.[27] Durante esta séptima ronda, el gobierno chino pidió a los líderes tibetanos que plasmaran en un escrito formal el tipo de autonomía que buscaban. Ante esta petición, el gobierno tibetano en el exilio preparó el Memorándum de Autonomía Genuina para el Pueblo Tibetano.[28]

En el Memorándum se  hace énfasis en que los tibetanos son una nación que comparte una misma lengua, cultura, religión, historia y hábitat. Lo que busca el camino medio es que éstas puedan preservarse para el beneficio de la población tibetana. Para que ésta pueda tener bienestar, es necesario que se preserve el medio ambiente local, que la población pueda hacer uso de los recursos naturales y que el área se desarrolle económicamente. Para ello, el Tíbet debe unificarse en una sola región autónoma que cuente con su propio gobierno, el cual pueda legislar sobre políticas locales y que controle áreas como las finanzas, la salud pública, el sistema educativo, el sistema de seguridad local, la regulación migratoria (este punto hace referencia a las migraciones forzadas de tibetanos al resto del país y a chinos Han hacia Tíbet), e intercambios culturales, educativos y religiosos con otros países. La región autónoma de Tíbet seguiría formando parte integral de la República Popular China, y la política y defensa exteriores estarían regidas por el gobierno central en Beijing. Según el Memorándum, estas modificaciones serían posibles dentro del marco de la Constitución china.[29]

China rechazó esta propuesta argumentando que negaba el sistema chino de regiones autónomas para las minorías étnicas, que la autonomía legislativa atentaba contra la unidad nacional contemplada en la Constitución, que se buscaba un Tíbet más grande que carecía de bases históricas, reales o legales, que se buscaba crear aislacionismo entre los grupos étnicos, que su exigencia de que el Estado no interfiera en asuntos religiosos perjudicaría los intereses estatales, que el documento no reconocía que el Tíbet es parte de China desde tiempos remotos, que el gobierno tibetano en el exilio no representa al pueblo tibetano, y finalmente que era una propuesta de independencia encubierta que el gobierno chino no estaba dispuesto a aceptar.[30]

Las pláticas entre representantes de Beijing y Dharamshala se suspendieron durante 2009, año en el que Tíbet volvió a ser un foco de atención internacional debido a las inmolaciones como protesta por la opresión china, y a favor de la independencia de Tíbet y del regreso del Dalai Lama. En 2010, sin embargo, se organizó una nueva ronda de negociaciones en la cual el gobierno tibetano en el exilio presentó una Nota sobre el Memorándum de Autonomía Genuina para el Pueblo Tibetano para responder a las objeciones del gobierno chino sobre el Memorándum de 2008.[31]

La Nota hace énfasis en que la política del camino medio puede desarrollarse en el marco de la Constitución china y que la propuesta no busca la independencia de Tíbet. También se establece que aunque las visiones históricas sobre el status de Tíbet en el pasado difieren, la propuesta de autonomía busca una solución a futuro. El enfoque de la vía intermedia no pone en duda el papel de liderazgo del Partido Comunista China, ni el sistema socialista, ni los principios sobre minorías nacionales plasmado en la Constitución china. Sin embargo, la forma de administrar el Tíbet actualmente no permite que los tibetanos puedan gobernarse ellos mismos. Umaylam respeta la jerarquía de autoridades entre las autoridades nacionales y las locales, y sólo busca administrar áreas permitidas por el marco constitucional. En la Nota se reitera la disposición del Dalai Lama y del gobierno tibetano en el exilio de continuar las negociaciones.[32]

Sin embargo, China volvió a rechazar la propuesta, y suspendió el diálogo. La posición de China ha provocado diferentes manifestaciones y cientos de inmolaciones de tibetanos, por lo que la comunidad internacional ha redoblado sus esfuerzos para que se logre una solución pacífica entre ambas partes. En 2011, tras una entrevista entre el Dalai Lama y el presidente de Estados Unidos Barak Obama, este último exhortó al gobierno chino a continuar el diálogo.[33] Líderes de la Unión Europea, tras la distinción de ésta con el Premio Nobel de la Paz, también se comprometieron a fomentar el diálogo sino-tibetano en 2012.[34]

Además del apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea,[35] países como Francia, Japón, Nueva Zelanda, Australia y Brasil han expresado su apoyo a la política de umaylam.[36] Al mismo tiempo, el Dalai Lama ha continuado hasta la fecha buscando el diálogo con las autoridades chinas, con un punto de vista optimista sobre la actitud de éstas, y respaldando el enfoque de la vía media, insistiendo en que lo que busca no es la independencia del Tíbet, sino una solución dentro del marco constitucional chino.[37]

A pesar de ello, China publicó recientemente un libro blanco[38] sobre el Tíbet que tituló “El camino al desarrollo del Tíbet está impulsado por una tendencia histórica irresistible”, en el cual declara puntos como la pertenencia histórica del Tíbet a China, su opinión de que la política del camino medio es una etapa en un plan ideado por el Dalai Lama para la independencia total del Tíbet, su sospecha de que la verdadera naturaleza de la estrategia del gobierno tibetano en el exilio es violenta, pero que el Dalai Lama usa la máscara de la no-violencia para ganarse el apoyo internacional, y finalmente, que desde el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino, el liderazgo central encabezado por Xi Jinping ha seguido y continuará siguiendo la política de que la relación con el Dalai Lama sólo puede mejorar cuando éste reconozca públicamente que el Tíbet ha sido parte integral desde la antigüedad y abandone sus intentos de dividir China mediante su línea independentista.[39]

Con esta declaración, la situación entre el gobierno tibetano en el exilio y el gobierno chino ha regresado a un impasse, pues no hay una expectativa de que cambien las posiciones de las partes: el lado tibetano continúa buscando la vía media, estableciendo que el objetivo es mayor autonomía y respeto por las formas locales, mientras que el lado chino argumenta que el enfoque intermedio es un intento enmascarado de alcanzar la independencia y que no va a ceder ante políticas separatistas basadas en concepciones históricas que China considera incorrectas. En las siguientes secciones se analizarán las razones de las posiciones tibetana y china sobre la política de umaylam.

 

LA VISIÓN TIBETANA DE UMAYLAM

La peculiaridad de la nación tibetana es innegable en términos culturales, religiosos, étnicos y geográficos. Sin embargo, la nación tibetana en términos históricos es mucho más ambigua, pues diferentes autores argumentan posiciones contraías respecto a si Tíbet fue o no un país independiente en el pasado remoto. Lo que es innegable, es que existe una percepción común de la población tibetana de ser una nación.[40]

A partir de la década de 1950, tras la unión mediante un acuerdo del Tíbet a la República Popular China, la población tibetana fue sometida a la represión, a la violación de derechos y libertades, al “genocidio cultural” —la “aniquilación de los modos de vida tibetana y de su herencia cultural”, en particular la represión a formas religiosas—, además de a transferencias de población forzadas y al daño del medio ambiente local por contaminación y políticas económicas imprudentes y explotadoras.[41]

Además, las políticas de autonomía de la República Popular China no han sido efectivas en el caso de la Región Autónoma del Tíbet y de las otras áreas con población tibetana. El Estado chino ha buscado mantener mayor control en el área debido a las actividades “separatistas”. El ejercicio de la autonomía está especialmente limitado en las áreas políticas, pero incluso las áreas sociales y económicas están subordinadas al control y las prioridades centrales. La interpretación de las leyes a nivel local está sujeta al veto del gobierno central. Los límites entre la autoridad nacional y la local no están bien definidos, y se ha buscado imponer la ideología de Beijing en los ámbitos culturales y educativos.[42]

Aunque hay que reconocer que la situación en Tíbet ha mejorado desde que finalizó la Revolución Cultural, episodios de violencia y represión han continuado sucediendo aún en el siglo XXI, el ejemplo más notable de los últimos años fue el levantamiento de 2008.[43]

Debido a la suma de estos factores, los tibetanos en el exterior —en particular el Dalai Lama y quienes conforman el gobierno tibetano en el exilio— han buscado una forma de proteger a la población y la cultura del Tíbet. La posibilidad de una independencia total fue poco viable desde el principio, es decir, en la década de 1950, debido a la mayor fuerza relativa de China, a la falta de interés de las potencias occidentales —que se habían retirado de la zona poco antes—, y a la debilidad de los países vecinos que hubieran podido tener interés en mantener un Estado “colchón” que los separara de China —por ejemplo India, que podría haber estado interesada en apoyar al Tíbet más firmemente, acababa de lograr su independencia hacía poco y estaba inmersa en problemas internos.

La opción de la independencia se ha hecho cada vez más improbable al tiempo que China se ha vuelto una potencia cada vez más importante a nivel regional y global. La fuerza creciente de China hace menos eficiente la presión internacional, pues los demás estados no quieren provocar enemistades con China, a la vez que la importancia de esta última hace la presión externa menos significativa. A pesar de ello, diferentes organizaciones internacionales y no gubernamentales, gobiernos y grupos de derechos humanos a nivel global han contribuido a que China mantenga cierta apertura al diálogo con líderes tibetanos.

La suma de estas circunstancias explica que la posición del Dalai Lama y del gobierno tibetano en el exilio sea el camino medio, y que las peticiones se hayan suavizado a lo largo del tiempo. Una línea de mayor autonomía, consistente con la Constitución china, y centrada en asuntos de libertades y derechos humanos, podría solucionar la situación de la población tibetana. La propuesta podría resultar atractiva para las autoridades chinas pues podría resolver la inestabilidad en la región tibetana y darle a la República Popular China una buena imagen al exterior. Sin embargo, la perspectiva de los líderes chinos respecto al gobierno tibetano en el exilio y a esta política es en general negativa, además de que China ha tomado en cuenta otros elementos que la han llevado a negar  consistentemente el enfoque de la vía intermedia.

 

LA VISIÓN CHINA DE UMAYLAM

Para China, aceptar la política de la vía intermedia podría ser problemático en diversos frentes. Para empezar, la República Popular China tiene diversas minorías nacionales y territorios que buscan separarse de ella, como por ejemplo Taiwán y Xinjiang. Aceptar negociar los términos de las minorías establecería un precedente indeseable para la situación de China como estado multinacional.

Además, las autoridades chinas han expresado consistentemente que están convencidas de que la propuesta de mayor autonomía para el Tíbet es en realidad un paso para lograr la independencia total. Aunque esta no fuera la estrategia inicial, la propuesta de autogobierno y autoridades electas por la población tibetana para administrar la región, podría ocasionar que los políticos electos en Tíbet fueran separatistas, lo que reforzaría la posibilidad de que Tíbet buscara su independencia total a largo plazo.[44]

El establecimiento de un régimen democrático en algún grado en el Tíbet también conllevaría al peligro de inestabilidad en otras partes del territorio chino, pues algunos grupos podrían buscar reformas democráticas en otras regiones o a nivel nacional. Así mismo, China ha rechazado la posibilidad de que se aplique el esquema de “un país, dos sistemas”, ya que el gobierno chino argumenta que  este esquema se aplicó en los casos de Hong Kong y Macao, porque éstos fueron territorios que no pertenecieron a China durante un tiempo debido a “invasiones imperialistas”, mientras que para Beijing, Tíbet siempre ha sido parte inalienable de China.[45]

China no puede permitirse perder el Tíbet por varias razones. En primer lugar, esto podría alentar a otros grupos separatistas a buscar su propia independencia. Así mismo, las regiones tibetanas corresponden a un cuarto del territorio chino,[46] que además contiene diversos recursos naturales —el Tíbet, por ejemplo, contiene 40% de los recursos minerales chinos—y grandes depósitos de agua, que constituyen activos valiosos para China.[47]

Además, el territorio tibetano está geográficamente ubicado en un lugar estratégico, pues se encuentra en la frontera con India. Las diversas rivalidades entre India y China por motivos fronterizos, de liderazgo regional y de alianzas —por ejemplo, India resiente el apoyo chino a Pakistán—, hacen que la cuestión tibetana sea delicada en las relaciones sino-indias.[48] China ve con malos ojos el apoyo indio al gobierno tibetano en el exilio, además de que India ha utilizado la “carta tibetana” para negociaciones con Beijing, aunque recientemente ha declarado que el Tíbet es parte integral del territorio chino.[49]

El apoyo extranjero a los rebeldes tibetanos, ha causado que China se oponga a dar mayor autonomía al Tíbet, por considerar el movimiento como una intervención ilegítima del exterior. Además del respaldo indio, es sabido que Estados Unidos —en particular la CIA— han apoyado al Dalai Lama y a la resistencia tibetana con recursos y entrenamiento.[50]

Más aún, las cuestiones territoriales son una cuestión de soberanía, y China le ha dado a este factor una importancia creciente. Esto puede observarse en la línea cada vez más asertiva de la República Popular China hacia cuestiones de disputas territoriales, por ejemplo, en el Mar del Sur de China.[51]

La presión internacional no es un factor que vaya a lograr que China cambie la posición que ha construido según intereses internos. Aún con menos fuerza, China demostró en 1989 con el incidente de la plaza Tiananmen, por ejemplo, que la presión externa no modificaría su comportamiento. Actualmente, el creciente poder chino lo vuelve aún menos vulnerable a la influencia de otros países. China ha buscado se ha beneficiado de una mejor imagen al exterior abriendo las puertas a las negociaciones en momentos clave, pero nunca ha dejado que la presión internacional influya en sus decisiones finales.

Por último, aunque la opinión pública por lo general respalda a la posición tibetana, la mayoría de la población Han apoya la posición gubernamental, por lo que los líderes chinos no tienen que lidiar con la presión de la mayoría de la población.[52] China ha sido capaz de controlar los levantamientos y movimientos secesionistas al interior del Tíbet sin grandes problemas, utilizando la fuerza militar y limitando la participación política de los tibetanos, de manera que no necesita aceptar la vía intermedia por razones de estabilidad al interior. Por todos estos elementos, la posición china ha sido de rechazo a la política de umaylam. El régimen actual liderado por Xi Jinping ha reafirmado esta línea, de manera que es poco probable que haya un cambio en el corto plazo.

 

CONCLUSIONES

En conclusión, la formulación y trayectoria de la política del camino medio han correspondido a diversos factores estratégicos, internos y externos. La evolución de esta política ha sido influida por el desarrollo de los acontecimientos dentro del Tíbet, por el panorama internacional, y por el crecimiento de China a lo largo de los años.

El Dalai Lama y el gobierno tibetano en el exilio han establecido el enfoque de la vía intermedia como respuesta a la situación tan difícil que viven los tibetanos, y como una opción que ellos creen más viable que la independencia total. A la vez, los líderes tibetanos han debido acomodar su política a la creciente importancia de China, suavizando los puntos álgidos. Al mismo tiempo, su estrategia ha sido apelar a la comunidad internacional y mantener una buena imagen siguiendo una línea de diálogo y no-violencia.

Por su parte, China ha desconfiado consistentemente de la propuesta tibetana, pues está convencida de que el fin último es la independencia total del Tíbet, lo cual sería catastrófico para Beijing debido a la importancia estratégica del Tíbet y a la situación de la República Popular China como estado multinacional con conflictos con diferentes minorías étnicas. China conoce su propia fuerza y no está dispuesta a dejarse influir por el exterior en sus decisiones fundamentales, aunque las presiones internacionales y el deseo de tener una buena imagen externa la han llevado a aceptar negociar con líderes tibetanos en distintos momentos en el tiempo.

La situación, tanto internacional como al interior de China, es cada vez menos favorable para el Tíbet, y el endurecimiento de la política exterior china en los últimos años reduce la apertura china a las peticiones de mayor autonomía de los tibetanos. Por tanto, mientras no haya un cambio fundamental en el liderazgo de la República Popular de China, es muy poco probable que vayan a aceptarse concesiones en cuanto a la autonomía Tíbet.

Al mismo tiempo, la muerte del actual Dalai Lama —que actualmente tiene 79 años de edad[53]— podría complicar o facilitar la situación, dependiendo de quién quede como líder y de cómo evolucione la línea en lo referente a umaylam. El futuro liderazgo tibetano es incierto, pues el Dalai Lama anunció que esta figura podría terminar con él,[54] por lo que hacer predicciones sobre las futuras relaciones entre China y el gobierno tibetano en el exilio es muy difícil.

Por lo pronto, parece ser que el impasse al que se ha llegado respecto a la política del camino medio no va a romperse pronto. Ambas partes tienen objetivos claros que son hasta cierto punto incompatibles, y la postura cerrada de las autoridades chinas hace imposible que pueda llegarse a un acuerdo que beneficie a ambos lados. El avenir de umaylam es por tanto dudoso, y sólo un cambio radical en la actitud de las partes podría lograr que algún día este camino pueda ser puesto en práctica.

 


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NOTAS

[1] Central Tibetan Administration, “Briefing note. The Middle Way Approach”, mwa.tibet.net/#/document/2, consultado el 15/05/2015.

[2] El término usado es: “patrón-priest relationship”.

[3] Sam Van Schaik, Tibet. A History, New Haven, Yale University Press, 2011, pp. 190-191.

[4] Ibid., p. 195.

[5] Ibid., p. 208.

[6] Ibid., pp. 216-218.

[7] Anne-Marie Blondeau y Katia Buffetrille (eds.), Authenticating Tibet. Answers to China’s 100 Questions, Berkeley, University of California Press, 2008, pp. 74-78.

[8] Van Schaik, op. cit., pp. 238-241.

[9] Laura Rubio Díaz Leal, “Una reevaluación del proyecto de nación del gobierno tibetano en el exilio”, Foro Internacional, 3 (2008), p. 688.

[10] Van Schaik, op. cit., pp. 241-261.

[11] Yash Ghai et al., “Is There Space for ‘Genuine Autonomy’ for Tibetan Areas in the PRC’s System of Nationalities Regional Autonomy?”, International Journal on Minority and Group Rights, 2010, núm. 1, p. 143. pp.

[12] Michael C. Davis, “The Quest for Self-Rule in Tibet”, Journal of Democracy, 2007, núm. 4, pp. 160-163.

[13] El término usado es: “fact-finding delegations/missions”.

[14] Central Tibetan Administration, “A Chronology of the Middle Way Approach”, mwa.tibet.net/#/document/5, consultado el 15/05/2015.

[15] Tashi Rabgey y Tseten Wangchuk Sharlho, Sino-Tibetan Dialogue in the Post-Mao Era: Lessons and Prospects, Policy Studies, Washington, Eats-West Center, 2004, pp. 3-5.

[16] Blondeau, op. cit., pp. 119-120.

[17] He Baogang, “The Dalai Lama’s Autonomy Proposal. A One-Sided Wish?”, en Barry Sautman y June Teufel Dreyer (eds.), Contemporary Tibet. Politics, Development, and Society in a Disputed Region, Armonk, M. E. Sharpe, 2006, p. 69.

[18] Para un recuento de las declaraciones de distintos países y organizaciones internacionales, véase: Central Tibet Administration, International Resolutions and Recognitions on Tibet, Dharamsala, Department of Information and International Relations, 3a ed., 1997, 166 pp.

[19] Rabgey, op. cit., pp. 11-12.

[20] Ibid., pp. 13-20.

[21] Baogang He y Barry Sautman, “The Politics of the Dalai Lama’s New Initiative for Autonomy”, Pacific Affairs, 78 (2005-2006), pp. 601-602.

[22] Rabgey, op. cit., pp. 20-22.

[23] Ibid., pp. 22-23.

[24] He y Sautman, op. cit., pp. 605-606.

[25] Van Schaik, op. cit., p. 265.

[26] Warren W. Smith Jr., Tibet’s Last Stand? The Tibetan Uprising of 2008 and China’s Response, Lanham, Rowman & Littlefield Publishers, 2010, pp. 11-38, 139.

[27] Ibid., p. 166.

[28] Central Tibetan Administration, “A Chronology of the Middle Way Approach”, op. cit.

[29] Central Tibetan Administration, “Memorandum on Genuine Autonomy for the Tibetan People”, http://mwa.tibet.net/#/document/8, consultado el 15/05/2015.

[30] Xinhua News Agency, “On the ‘Memorandum’ of the Dalai Clique”, 21/11/2008, http://china.usc.edu/xinhua-news-agency-memorandum-dalai-clique-november-21-2008, consultado el  20/05/2015.

[31] Central Tibetan Administration, “A Chronology of the Middle Way Approach”, op. cit.

[32] Central Tibetan Administration, “Note on the Memorandum on Genuine Autonomy for the Tibetan People” http://mwa.tibet.net/#/document/10, consultado el 15/05/2015.

[33] Central Tibetan Administration, “A Chronology of the Middle Way Approach”, op. cit.

[34] International Campaign for Tibet, “”EU Council Building in Brussels illuminated by the International Campaign for Tibet”, 10/12/2012, http://www.tibetpolicy.eu/eu-council-building-in-brussels-illuminated-by-the-international-campaign-for-tibet/, consultado el 15/05/2015.

[35] Phuntsok Yangchen, “EU leader expresses support for Middle Way Policy”, 11/03/2014, mwa.tibet.net/article/eu-leader-expresses-support-for-middle-way-policy/, consultado el 15/05/2015.

[36] Central Tibetan Administration, “A Chronology of the Middle Way Approach”, op. cit.

[37] Tetsuo Koguro, “Dalai Lama calls China’s leadership ‘realistic’, says open to renewed talks”, Asahi Shinbun, Tokio, 09/04/2015, ajw.asahi.com/article/behind_news/social_affairs/AJ201504090055, consultado el 18/05/2015.

[38] Shannon Tiezzi, “China Attacks Dalai Lama in New White Paper on Tibet”, The Diplomat, 16/04/2015, http://thediplomat.com/2015/04/china-attacks-dalai-lama-in-new-white-paper-on-tibet/, consultado el 18/05/2015.

[39] The State Council Information Office of the People’s Republic of China, “Tibet’s Path of Development Is Driven by an Irresistible Historical Tide”, 15/04/2015, http://news.xinhuanet.com/english/china/2015-04/15/c_134152612.htm, consultado el 18/05/2015.

[40] Mohan Malik, China and India. Great Power Rivals, Boulder, CO., First Forum Press, 2011, p. 126.

[41] Rubio Díaz Leal, op. cit., pp. 684-686.

[42] He, op. cit., pp. 74-80 y  Ghai op. cit., p. 184.

[43] Michel Bonin, “Far from Harmonious. The Chinese Authorities’ Handling of the 2008 Tibet Crisis”, China Perspectives, 2009, núm. 3, pp. 66-72.

[44] Wang Lixiong, “A True ‘Middle-Way’ Solution to Tibetan Unrest”, China Security, 2008, núm. 2, p. 32.

[45] “Why can’t Tibet implement the “one country, two systems” like Hong Kong and Macau”, en Wang Chen y Dong Yunhu, What Do You Know About Tibet. Questions and Answers, Beijing, Foreign Languages Press, 2011, p. 84.

[46] Gray Tuttle, “The Failure of Ideologies in China’s Relations with Tibetans”, en Jacques Bertrand y André Laliberté (eds.), Multination States in Asia. Accomodation or resistance, Cambridge, University Press, 2010, pp. 219-221.

[47] Malik, op. cit., p. 134.

[48] Eric S. Margolis, War at the Top of the World, Nueva York, Routledge, 2002, pp. 263-264.

[49] Malik, op. cit., pp. 136-139.

[50] Margolis, op. cit., p. 250.

[51] M. Taylor Fravel, “China’s Strategy in the South China Sea”, Contemporary Southeast Asia, 2011, núm. 3, pp. 292-315.

[52] Wang, op. cit., p. 31.

[53] The Office of His Holiness the Dalai Lama, “Brief Biography”, http://www.dalailama.com/biography/a-brief-biography, consultado el 18/05/2015.

[54] BBC News, “Dalai Lama concedes he may be the last”, 17/12/2014, http://www.bbc.com/news/world-asia-china-30510018, consultado el 18/05/2015.


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