EL ASCENSO DE TRUMP

“And when you lose control, you’ll reap the harvest you have sown”
Pink Floyd, “Dogs”.

 

RAÚL MANZANO TAPIA

El fenómeno Donald Trump se puede explicar mediante varios puntos de vista. El desgaste del discurso de las democracias modernas puede ser una de las múltiples respuestas a lo acontecido. El presente ensayo tendrá como principal función establecer un marco teórico breve; en éste, se explicarán las nociones dicotómicas poder-saber. Posteriormente, se hará una semblanza breve sobre qué se entiende por discurso y cómo éste se encuentra relacionado con la verdad. Con base en esta relación, se hará una propuesta de dicotomía discurso-verdad. Finalmente, se hará un balance sobre cuáles fueron las condiciones que propiciaron el desgaste del discurso y cómo esto ocasionó el resultado del martes 8 de noviembre de 2016.

 

EL DISCURSO Y EL PODER

En primer lugar, es necesario exponer de forma breve la noción del cuerpo según Foucault. En Vigilar y castigar, el autor retrata al cuerpo como una “noción ambivalente”; es decir lo describe como un lugar de múltiples procesos y fenómenos biológicos; al mismo tiempo que también es un ente inmerso en el campo político; por esto, describe que “las relaciones de poder operan sobre él como una presa inmediata: lo cercan, lo marcan, lo doman y exigen de él”.[1] El autor entiende que, para poder lograr la apropiación del cuerpo, es necesario dominar una técnica que logre someterlo sin violencia. Foucault denomina a ésta como la “microfísica del poder”, la cual se ejerce mediante las instituciones y el aparato político.

La disposición de cuerpos es ejercida por quien detenta el poder. Esto crea una  relación de tensión entre quienes la ejercen y quienes se ven sometidos. Esta jerarquización atiende al saber y no a la dominación. El poder produce saber. Esta noción dicotómica, aunada a los proceso y las luchas que lo atraviesan y lo constituyen, es lo que determina formas, así como dominios posibles de conocimiento.[2]

¿Será posible que quien detente el poder, determine la microfísica del poder mediante el saber? Bajo una lectura de Foucault, podría decirse que sí. Al ser el hombre el verdadero objeto y fin del poder, es él mismo quien determina las directrices[3] sobre cómo se va a ejercer el poder. La obra, resalta desde muchos puntos de vista, que, en virtud de una “verdad jurídica-discursiva”, se logra ejercer el dominio. [4]

En este trabajo, es importante exponer un ejemplo de cómo esta dominación se ha desarrollado a lo largo de la historia. En un caso concreto, se entiende que la cárcel funge un papel primordial en los sistemas políticos democráticos. Por el sistema carcelario, es posible que aquellos que no van de acuerdo con el status quo, puedan reformarse y reintroducirse en la sociedad. Esta noción se encuentra respaldada desde tiempos de la ilustración. En un sentido más amplio, el surgimiento del pensamiento ilustrado tuvo como resultado que, en la relación entre naturaleza y hombre, existiera de por medio la racionalidad,[5] dando por resultado “saber sin limites”. [6]

El nacimiento del encarcelamiento corresponde al cambio de epistemología en la modernidad. Ahora la racionalidad que impera en la comprensión de la naturaleza, generada por la objetividad, crea la necesidad de optimizar los recursos, el tiempo y la producción. Así, se necesita que los recursos sean útiles; por lo tanto, no se tiene como opción su destrucción.[7] Entonces, es preciso encarcelar, ya no necesariamente para castigar, sino para corregir, reformar a aquellos que la justicia aprisionó. “Así todo el mundo gana algo: La sociedad se reencuentra con un individuo dócil, ávido por trabajar y reconciliado con la comunidad; y el individuo mismo, se encuentra reconciliado y capaz de reintegrarse a la sociedad que lo encarcelo”.[8] El verdadero significado de prisión no es sino una nueva manera de entender el poder.

¿Es el ejercicio del poder el que produce el saber? Evidentemente quien lo ejerce debe conocer y hacerse de nuevos medios para seguir ejerciéndolo. Esta búsqueda de conocimiento produce saber. Un ejemplo breve sería en el caso de las prisiones y la búsqueda por ejercer un poder, manifestado en control, sobre los prisioneros. El momento surge cuando, quienes ejercen el poder, se ven obligados a encontrar nuevas manera de mantener el control. Ante esto, acudieron a la arquitectura, en la cual hallaron nuevas formas de distribuir el espacio con el fin de poder controlar.[9] Es así que una buena distribución del espacio crea la condición esencial para ejercer el poder. En lo particular, la relación espacio-poder se vuelve indisociable y el saber, nacido a partir de la necesidad de mantener el control, cumple su cometido.

Por otro lado, hay un elemento crucial dentro del ejercicio del poder. Dentro de la dicotomía del poder-saber existe un vacío que la noción de “verdad” llega a satisfacer.

La verdad no se encuentra fuera ni sin el poder. […]Cada sociedad tiene su propio régimen de verdad, y su política para generarla: Estos son discursos que hacen que lo hagan funcionar como verdad, establecen mecanismos e instancias que permiten distinguir entre los enunciados verdaderos y falsos, la manera del cual se sancionan los unos y los otros; las técnicas y los procedimientos que son valorizados para obtener la verdad; el estado de ellos quienes están a cargo de decir lo que es verdad.[10]

Es decir, la verdad no encuentra cabida, sin un discurso que logre legitimarlo. Por lo tanto, el poder se ejerce a través del discurso impuesto por él mismo.

¿Qué se entiende por discurso? Según Foucault, el discurso, en su realidad material, atiende a la cosa pronunciada o escrita, cuya duración no depende del emisor.[11] Esta noción, aparentemente insignificante, encuentra limitaciones a su ejercicio. Las limitaciones tienen vínculo con el poder, ya que son el medio por el cual se lucha por detentarlo y al mismo tiempo estas también revelan la importancia del discurso mismo.[12] Las limitaciones pueden ser de varios tipos, sin embargo, se ilustrarán aquellas que estén relacionadas con el poder-saber.

Existen tres principios de limitación:[13] el de exclusión, el prohibitivo y la voluntad de verdad. El más relevante constituye la “voluntad de verdad”, que  nace a partir de los siglos dieciséis y diecisiete, durante la Ilustración. Así, en esta época, empezó la necesidad de dibujar planes de objetos posibles, observables y medibles; esta voluntad imponía al sujeto cierta forma de percibir y funcionar. Ante lo anterior, podemos afirmar que la totalidad lingüística moderna posee una pretensión de verdad establecida  a priori. [14]

Las tres formas de limitar se encuentran apoyadas por un soporte institucional, que se refuerza a través de libros, bibliotecas, laboratorios y pedagogías[15]. Mediante este soporte, se impone la forma práctica del discurso, al mismo tiempo que se absorbe a las otras dos limitaciones —prohibición y exclusión. Esto es posible mediante la racionalización y fundamentación de los discursos verdaderos que de ésta misma emanan.

El discurso se encuentra plasmado en distintas dimensiones. En primer lugar existe el discurso “dicho”, el cual desaparece en el acto mismo de enunciarlo; en segundo lugar, se encuentra el discurso “literario”, cuya permanencia es inmensurable y está siempre aún por decir.[16] Un ejemplo tangible del discurso literario es el texto jurídico.

Por lo anterior, se entiende que existe un condicionamiento de la utilización del discurso. Foucault menciona que nadie entra al orden del discurso sin satisfacer las exigencias establecidas.[17] Esto sirve para que, en un momento dado, dentro de las “sociedades de discursos”,[18] los enunciados alineados con el discurso se distribuyan de forma circular y dentro de las reglas impuestas por el poder. Es decir, si alguien proclama un enunciado fuera del establecido por el poder, éste se rechaza.[19]

Así, surge la pregunta de es a través del discurso como se logra la ejecución precisa de la dicotomía del poder-saber. En efecto, el discurso forma parte imprescindible de ésta. Mediante el establecimiento de mecanismos de control discursivo y del control de la “verdad”,[20] la dicotomía poder-saber logra implantarse en la sociedad y controlar a base de normalización. Cuando alguien se encuentra fuera del discurso, se le señala, rechaza y castiga. Quien domina el discurso tiene el control, ya que la verdad se encuentra en el discurso y un discurso es un saber.

 

 

EL DISCURSO DESGASTADO Y TRUMP

Las elecciones celebradas en Estados Unidos de America el pasado 8 de Noviembre representan un punto de quiebre en las democracias constitucionales del mundo. El asenso de un “bufón” no es un hecho aislado ni mucho menos uno fortuito; tiene que ver con el desgaste del discurso constitucional que ha ido en contra de sus mismos valores fndamentales[21] y ha desilusionado a gran parte de la población.

La adhesión al discurso constitucional, democrático y liberal comenzó a darse en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial[22]. La existencia de dos ideologías preponderantes en occidente mantenía el equilibrio entre ambos puntos de vista y éstas mismas se esforzaban, en un afán de competencia y de consecución hegemónica, en satisfacer sus cánones y, en consecuencia, a sus adeptos. Sin embargo, con el paso del tiempo y el desgaste del discurso socialista, representado en mayor parte por la URSS, este balance se quebró.

En 1989, representado con la caída del muro de Berlín, un orden hegemónico cayó y con ello la democracia constitucional triunfó. El balance mundial se inclinó completamente frente a este discurso liberal, cuyos principales garantes son la constitución[23], la división de poderes y la anulación de ideologías radicales que entorpezcan la gobernabilidad. Es decir, por un lado, hay un entramado institucional complejo que, en teoría, impide el asenso o el éxito de un gobernante autoritario y, por otro, un crudo pragmatismo que, teóricamente, ayuda, en gran medida, a gobernar con eficiencia.

La instauración de este discurso, ahora reproducido en casi todo el mundo occidental, establecería una “verdad” que reproduciría lo mencionado en el la teoría de Foucault, pero a niveles macro. Es decir, si un Estado desatendía los valores propuestos por las democracias liberales —verdades establecidas a priori—,[24] éstos podían ser castigados. Existen dos formas de castigo: medidas institucionales y ejercicio de violencia. Durante la Posguerra, comenzó a construirse un entramado institucional internacional que protegiera los intereses de los Estados adheridos y así evitaría la guerra en los términos posibles. Sin embargo, no siempre se ejerció la microfísica del poder. Los cuerpos —entendidos aquí como Estados— fueron marcados, domados y finalmente se les exigió la adhesión al discurso, frente a la posibilidad de que se utilizara en su contra ya fuera tropas o embargos. Se hizo un ejercicio de corrección y se buscó hacerlo útil.

Este es un buen ejemplo de cómo el poder se ejerce a través del saber producido por quienes lo detentan. Este saber encarna un discurso que se ostenta como la verdad del siglo veinte. La democracia constitucional y liberal es la “respuesta” a las plegarias hechas después de la Segunda Guerra Mundial.

El rompimiento del balance es clave para entender el problema, ya que a partir de ahí comenzó a haber abusos en el ejercicio del poder por parte de los garantes de las libertades.[25] Un ejemplo es el descuido de los derechos adquiridos durante las luchas sociales en la primera mitad del siglo veinte. La potencial igualdad, no solo frente a la ley, sino también en el ámbito material, como el económico, comenzó a desdibujarse al concretarse una brecha profunda entre ricos y los pobres. Una gran parte de la población fue olvidada en virtud de salvaguardar los intereses guardados por un ejercicio arbitrario del discurso liberal.

Ante este desequilibrio, surgió una voz que contrarresta la homogénea voz del discurso liberal, carente de ideología. Bernie Sanders y Donald Trump son claro ejemplos de esto. Aunque en polos opuestos, ambos representaron, durante la precampaña, un contradiscurso que buscaba revivir una verdad, dormida por décadas, ante el electorado. Como fuere, el partido demócrata no se decantó por Sanders y dio la investidura de candidato a Hillary Clinton, pragmática y fiel al discurso liberal.

¿Qué consecuencias puede tener un candidato que representa valores desgastados? ¿Qué congruencia puede haber en un candidato que tiene un doble discurso frente a las grades corporaciones bancarias y el electorado?[26] ¿Qué valores democráticos se pueden aprender cuando los partidarios de la candidata dicen que el costo de miles de niños muertos en la guerra es un precio que se debe pagar por “defender a Estados Unidos”?[27] ¿Cómo creer en los derechos humanos, cuando su principal garante en el mundo abrió una cárcel donde se practica tortura[28]? Dentro del electorado americano, existía una hiedra dormida. El discurso racista y xenófobo rigió a las sociedades blancas rurales y de clases bajas durante mucho tiempo en silencio. El discurso constitucional y de derechos humanos encontró contrario cuando Donald Trump, en su primer acto de campaña, comenzó a entablar un fuerte discurso estableciendo un enemigo real y tangible: México. Aquí, esta verdad pensada, pero callada por la sociedad WASP,[29] encontró una figura que lo legitimara y que dejaba de verla con rechazo.

La nostalgia por regresar a una sociedad americana donde el racismo formaba parte fundamental de la vida cotidiana y las falacias del “american way of life” fueron un ingrediente importante para lograr legitimar e institucionalizar, una vez mas, un discurso de contravalores frente a las democracias liberales. En estas instituciones se han racionalizado y fundamentado, a su modo, los argumentos en contra de un liberalismo hegemónico.

 

CONSIDERACIONES FINALES

La desaparición de una visión contrahegemónica en las democracias liberales propició un ejercicio abusivo del poder que llevó a un descontento general. Este descontento general, a su vez, fomentó el resurgimiento de un discurso, que durante muchos años, fue rechazado por una práctica en pos de derechos humanos y lo políticamente “correcto”. A partir de las dicotomías de poder-saber y de discurso-verdad, se puede dibujar una línea que nos guíe en lo acontecido hace unas semanas.

Donald Trump es un recuerdo de lo que puede pasar cuando el poder se ejerce con irresponsabilidad. ¿Las lecciones de la modernidad tendrán las mismas respuestas que las de hoy?

 


BIBLIOGRAFÍA

Foucault, Michel, Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, trad. Aurelio Garzón del Camino, México, Siglo XXI, 2013.

_____, El Gobierno de sí y de los otros; curso en el Collège de France 1982-1983, primera edición, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2011.

_____, El orden del discurso, Buenos Aires, Tusquets, 1970, 2005.

Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la ilustración, Madrid, España, 2007.

Barthes, Roland, Crítica y verdad, primera edición en español 1971, México, Siglo XXI, 2010.

Pesqueux, Yavon  y Alain Saudan, Foucault et la méthode généalogique: à propos de “Surveiller et punir”. Comptabilité et Développement, may 1996, Valenciennes, France, pp. 1041-1055 .

Chozik, Amy et al., “Leaked Speech Excerpts Show a Hillary Clinton at Ease With Wall Street”, The New York Times, 7 de octubre, 2016, http://www.nytimes.com/2016/10/08/us/politics/hillary-clinton-speeches-wikileaks.html?_r=0

Žižek, Slavoj “El consenso en torno a Hillary”, Revista Nexos, original Newsweek, 21 de septiembre, 2016, http://www.nexos.com.mx/?p=29653.

Sanchez, Raf et al. “Torture report: 10 examples of the horror in the CIA’s Grisons”, The Telegraph, 14 de noviembre, 2016, http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/northamerica/usa/11284139/Torture-report-10-examples-of-the-horror-in-the-CIAs-prisons.html.

 


NOTAS

[1] Siglo XXI, 1976, p. 33.

[2] Ibid., pp 35 y 36.

[3] La palabra correcta, pienso yo, es discurso.

[4] Yavon Pesqueux, Alain Saudan. “Foucault et la méthode Généalogique: à propos de “Surveiller et punir”. Comptabilité et Développement, May 1996, Valenciennes, France. P.1044.

[5] El cambio de arquetipo natural al artificial.

[6] Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Fragmentos filosóficos, 2007 p. 20.

[7] Ibid., pp. 20-25.

[8] Yavon Pesqueux, Alain Saudan, Foucault et la méthode généalogique: à propos de Surveiller et punir. Comptabilité et Développement, may 1996, Valenciennes, France, p. 1048 .

[9] El ejemplo en Vigilar y castigar se denomina “panóptico”, una noción construida por Jeremy Bentham

[10] Ibid., 105.

[11]  M. Foucault, El orden del discurso, 1970, Tusquets, Buenos Aires, 2005, p. 5.

[12] Ibid., p.6.

[13] El autor se refiere a estos como “exclusión”. Decidí utilizar el término “limitación”, debido a que no estoy desarrollando metodológicamente cada una, respetando su denominación, sino que me encuentro haciendo un ejercicio de selección meditada, constituyendo todas como limitaciones al discurso.

[14] Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Fragmentos filosóficos, 2007 p. 27.

[15] M. Foucault, “El Orden del Discurso”, op. cit., p. 10. También podemos observar que sigue persistente la noción del dispositivo.

[16] Ibid., p. 14.

[17] Ibid., p. 24.

[18] La sociedad moderna, según mi entender.

[19] En Gobierno de si y de los otros, en la clase del 9 de febrero de 1983, primera hora, Foucault retrata un ejemplo; destaca que en las descripciones de Tucídides, en torno a los años 356-355 A.C, en el discurso de Isócrates, sobre la paz frente a los espartanos, no todas las personas que hablan están a favor de la guerra con Esparta. Dice que a algunos se les da la bienvenida y a otros se le expulsa. La razón es que si uno no habla como la asamblea lo desea, se rechaza.

[20] Roland Barthes, en Critica y Verdad, establece que lo verosímil en una obra o en un discurso consiste en que no contradiga lo que el público cree posible ni lo que haya sido establecido por sabios, por la mayoría ni por la opinión corriente —las autoridades.

[21]Para establecer los valores fundamentales de las democracias constitucionales y liberales, se pueden tomar los postulados de la Revolución francesa: igualdad, fraternidad y libertad. Aunque posteriormente fueron avanzando en generaciones, hasta llegar a los derechos sociales: seguridad social, empleo bien remunerado, etc.

[22] Especialmente en Europa, como consecuencia del Plan Marshall. Intercambiar ayuda económica por adhesión al discurso.

[23] Por “constitución” se entiende un catálogo de derechos humanos mínimos, reconocidos o garantizados por el Estado. Ésta encarna la “verdad jurídico-discursiva”.

[24] Si no se reconoce o garantiza un mínimo de catálogo de derechos fundamentales, entonces no se es un “Estado democrático”.

[25] Sin olvidar claro, las intervenciones hechas en los regimenes socialistas en America Latina durante los años 60 y 70.

[26] En referencia a Chozik, Amy et al., “Leaked Speech Excerpts Show a Hillary Clinton at Ease With Wall Street”, The New York Times, 7 de octubre, 2016, http://www.nytimes.com/2016/10/08/us/politics/hillary-clinton-speeches-wikileaks.html?_r=0.

[27] En referencia a  Žižek, Slavoj, “El consenso en torno a Hillary”, Revista Nexos, original Newsweek, 21 de septiembre, 2016 http://www.nexos.com.mx/?p=29653.

[28] Sanchez, Raf et al., “Torture report: 10 examples of the horror in the CIA’s Grisons”, The Telegraph, 14 de noviembre, 2016, http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/northamerica/usa/11284139/Torture-report-10-examples-of-the-horror-in-the-CIAs-prisons.html.

[29] White Ango-Saxon Protestan.


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