🇲🇽 CONFĂŤA y SOPORTA / 🇺🇸 TRUST and ENDURE

ANV OPINIĂ“N


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O. Marcio, Confía y soporta, Auctoritas non veritas   PDF

 

CONFĂŤA y SOPORTA

OTĂ“N MARCIO

Un tiempo, tuve clase con alguien cuyos límites no dejan hoy de sorprenderme. De buena educación, pero constreñida razón, repetía lo que había aprendido y no aceptó más opinión que la propia. Recuerdo –aunque quisiera olvidar o, al menos, entender— que, durante una clase, dijo su punto de vista sobre su ideología –el liberalismo, incuestionado y de importación–; comparándola con el realismo (cosa de “viejitos”, de “un mundo que ya no existe”, dijo), expresó el punto fundamental de la diferencia entre la bondad liberal y lo torcido de los realistas: “Nosotros no actuamos en el miedo y la desconfianza; siempre esperamos que suceda lo mejor”, después se rió. Lógico. Al menos, para ellos.

Como fuere, esa persona no es la única. De gente que espera lo mejor está llena la historia y de buenas voluntades, los cementerios. Para los que viven en el presente no hay gloria mayor que pasar a la memoria de las generaciones futuras, que, tras el pasar de los años, se les recuerde y se les estudie. Los que esperaron que sucediera lo mejor tienen un lugar especial reservado en los libros.

Numerosas son las biografías y los pasajes sobre Chamberlain, quien, con la mejor de las intenciones, intentó apaciguar al austriaco Hitler; se tomaron los Sudetes de Checoslovaquia, pero se había “asegurado la paz”. Sin embargo, la guerra llegó al año siguiente, cuando Alemania invadió Polonia. Caso actual es la Venezuela “bolivariana”; cómo no recordar las voces numerosas de los liberales de izquierda, que hablaban del verdadero triunfo de la democracia, cuando Chávez logró vencer a Capriles en 2012. También se esperaba lo mejor; el “pueblo” había elegido y, en esta lógica, vox populi, vox Dei. Seguro, las intenciones no son malas; de todas formas, los resultados suelen ser catástrofes.

En la década de los años noventa, el liberalismo triunfante en el mundo llevó a México –antes cuidadoso frente a su vecino en el norte– a confiar. Esas políticas de antaño no llevarían al progreso, pues, como los científicos liberales habían descubierto, hay tendencias en la historia y una de esas es liberar (liberalizar). Así, el realismo decayó –pues se le vio horrible y artificioso–; la interdependencia traería prosperidad y, con una venda en los ojos, se dio el salto al vacío, hacia la dependencia. Dos décadas después, el país está al borde de la crisis, pues el fin del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan) resultaría, en el mejor de los escenarios, en la ruina económica. Se olvidaron que en toda relación de interdependencia hay dependientes e independientes. En México, también se esperó lo mejor. Estados Unidos actuó con habilidad.

Al menos en la humillación histórica, hay un lugar reservado para los que “esperan lo mejor”, para los que engullen sin preguntar, para los crédulos. El mundo no cambia; las tendencias históricas –sin importar nombre– no existen; la confianza política es costosa. El realismo es práctica de imperios; las ideologías, mascaras imperiales y doctrinas de las colonias. Quien busque el fracaso de los suyos, que lleve el liberalismo a la práctica •

 

 


English version 🇺🇸

O. Marcio, Trust and Endure, Auctoritas non veritas  PDF

 

TRUST and ENDURE

OTĂ“N MARCIO

Once, I took a course with someone whose limits still surprise me. With a good education, but constrained reasoning, this person repeated what she had learned and accepted no other opinion but her own. I remember –though I would like to forget or, at least, to understand– that, during a class, she told us her point of view on her ideology –which was an unquestioned and imported liberalism. Comparing it with realism (“old stuff” from “a world which exists no more”, she said), she expressed the main difference between liberal benevolence and realist wickedness: “We do not act within fear and suspicion; we always hope the best to happen”, then she laughed. Logical. At least, for them.

However, this person is not the only one. History is crowded with people who wait for the best to happen; cemeteries are filled with good wills. For those living in the present, there is no higher glory than making their way into the memory of future generations–that, as years go by, they be remembered and studied. For those who hopped the best to happen, there is a special place reserved in books.

Biographies and passages on Chamberlain are numerous–he who, with the best of intentions, tried to appease Hitler, the Austrian. Germany took over the Sudeten in Czechoslovakia, but he had secured “peace in our times.” Nonetheless, the war came the following year, when Germany invaded Poland. A present case is “Bolivarian” Venezuela; I still remember the numerous, left-wing, liberal voices talking on democracy’s real triumph when Chávez won before Capriles in 2012. Everyone hopped the best; “the people” had chosen and, based on this logic, vox populi, vox Dei. Certainly, these intentions are not evil; even so, the results usually turn into catastrophes. During the 1990s, triumphant liberalism in the world made Mexico trust –even if historically it had acted carefully before its northern neighbor. The old policies would not take the country into progress, as liberal scientists had discovered the existence of historical tendencies and, one of these, was to open, to free (to liberalize). Thus, realism decayed –as it appeared dreadful and perverse–; interdependence would bring prosperity and a blindfolded Mexico took the leap of faith toward dependency. Two decades later, this country is on the verge of a crisis, as the end of the North America Free Trade Agreement (nafta) would result, in the best scenario, in economical ruin. They forgot that, in every interdependent relation, there are dependent and independent ones. In Mexico, they also hopped the best to happen. The United States acted skillfully.

At least in historic humiliation, there is a place reserved for those “waiting for the best”, those who swallow and do not question, the credulous. The world does not change; historical tendencies–whatever their name might be–do not exist; political trust is costly. Realism is empires’ praxis; ideologies are imperial masks and doctrines in the colonies. If pursuing the failure of your people, take liberalism into practice •

 

 


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